INTELIGENCIA ARTIFICIAL LA AMENAZA DE UNA VIDA MÁS FÁCIL

¿Hasta qué punto la inteligencia artificial (IA) es una amenaza para la humanidad, o una oportunidad para los negocios?

Esta es la pregunta que intentó responder en una de mis últimas notas, publicadas en la revista Aptitus.

Dos de los más importantes CEO de la industria tecnológica, Elon Musk y Mark Zuckerberg, se enfrentaron públicamente en una discusión que influirá no solo en el futuro de la industria, sino también en la forma como interactuamos con las máquinas.

“Mark tiene un conocimiento limitado”, aseguró el CEO de Tesla y SpaceX. “Su

visión es apocalíptica e irresponsable”, respondió desde la otra esquina el CEO de Facebook.

La controversia se basa en un concepto que cada vez es menos ciencia ficción: la inteligencia artificial (IA). Musk asegura que el desarrollo de esta tecnología avanza a pasos acelerados y podría ser inmanejable para sus creadores. Entre los principales riesgos, Musk identifica el desempleo masivo o la desestabilización social, en un mundo en el que una cafetera conectada

a internet podría rebelarse contra su propietario, no solo negándose a calentar el café, sino atacándolo, solo por caricaturizar sus temores.

Esta figura, exagerada por lo menos en este momento, expresa la preocupación de aquellos hombres de ciencia que exigen desde hace años regular esta actividad. Zuckerberg, por otro lado, asegura que se debe ser optimista respecto

a la IA y su potencial para curar enfermedades o mejorar la conducción de automóviles, en un mundo en el que los robots inteligentes, en vez

de matarnos, nos facilitarán la vida.

LOS ROBOTS CONVERSAN

Para nada contribuyó con la defensa cerrada de Zuckerberg que, en los últimos días, se difundiera una noticia que parecía sacada de una escena de “Terminator”: Facebook desconectó a dos chatbots –de nombres Bob y Alice– porque habrían desarrollado un lenguaje propio, que les permitía comunicarse sin que sus entrenadores pudieran entender la interacción. Para Enrique Dans, profesor del IE Business School y uno de los teóricos en tecnología más importantes de Europa, a pesar de las apariencias, estos no son más que miedos irracionales. “El salto conceptual que se da cuando vemos a un algoritmo

ganar al ajedrez, al Jeopardy!, al Go o al póker para pasar a pensar que será capaz de cualquier cosa que la inteligencia humana pueda abarcar es comprensible… pero no es real”, expresa Dans.

Según este asesor en innovación y transformación digital, estos algoritmos son ca paces de desarrollar una serie de tareas en contextos estables, hasta el punto de superar a humanos altamente competentes, pero solo cuando las circunstancias son bastante predecibles, las reglas del juego son claras y

resulta razonablemente fácil recolectar gran cantidad de datos a partir del entrenamiento con humanos. Pero, de ahí a desarrollar inteligencias complejas, capaces de tomar decisiones autónomas en situaciones de ámbito general y sin restricciones, hay un mundo, reflexiona Dans en una de sus últimas columnas, publicadas regularmente en el diario El Español.

Por supuesto, Facebook se apresuró en minimizar el hecho al asegurar que los bots fueron apagados por motivos ajenos a cualquier preocupación: el interés del experimento era que estos bots fueran capaces de hablar con humanos y no entre ellos. El hecho no hizo sino azuzar la polémica.

APRENDIENDO CON REGLAS

Como asegura Dans, existe una larga distancia entre la IA y el machine learning, que es quizá lo más cercano a la IA que podemos ver en el día a día. Desmenuzando el concepto, el aprendizaje cognitivo de las máquinas se genera a partir de una serie de reglas e infinidad de posibles situaciones, donde la máquina aprende respuestas para resolver cada circunstancia. De esa manera,

la máquina podrá “conversar” con humanos e“interactuar” con ellos, pero exclusivamente en temas para los que ha sido entrenada.

Esta es la base que llevó a Watson, la supercomputadora de IBM, a vencer a los campeones de Jeopardy¡, o a Deep Blue a vencer al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov.

Es, además, el mismo principio que ejercitan los usuarios de iOS con Siri, el asistente de voz de Apple, o sobre el que se construye Alexa, el asistente de voz de Echo, de Amazon. También es la base que le permite al Musk diseñar los autos de Tesla, que se conducen por sí mismos y son capaces de tomar complejas decisiones de manejo.

Así, las máquinas son sometidas a un entrenamiento en habilidades cognitivas

que les permite comprender las complejidades del lenguaje humano en el contexto en el que se desarrollan las interacciones. A partir de ello, crean hipótesis para extraer nuevos conceptos, donde, cada interacción genera un aprendizaje.

Lo que hace ilimitadas las posibilidades de la IA es que, si el bot no comprende una indicación irá donde su entrenador humano, quien deberá despejar la duda. De esa manera, quedará listo para la próxima situación.

La existencia de este entorno controlado es lo que lleva a personajes como Zuckerberg o Dans a asegurar que la IA no se descarrilará mientras

esté en las manos adecuadas. No obstante, Musk no está solo. Lo acompañan en su preocupación líderes como Bill Gates y Stephen Hawking, quien ya en 2014 aseguró que la IA “augura el fin de la raza humana”.

CONVERSANDO EN PERUANO

Las aplicaciones de la IA para fines comerciales o profesionales son infinitas. Desde mejorar la atención al cliente en sectores como banca, e-

commerce o telecomunicaciones hasta proveer soluciones en áreas legales, servicios policiales o médicos, y reducir las horas invertidas en investigación documentaria.

En ese sentido, la IA se está convirtiendo en parte del día a día de mi-

les de personas. Por ejemplo, a finales de 2016, la marca de ropa The North Face lanzó un piloto con un asistente de compras personalizado en línea para la compra de casacas, el cual interactuaba con el comprador a partir de dos preguntas básicas: ¿cuándo y dónde vas a usar la casaca?, y ¿quieres que sea de hombre o de mujer?

De la misma forma, H&M implementó Kik, un chatbot que en solo cuatro pasos les permite a los usuarios hacer una compra personalizada.

En el Perú ya existen algunas aplicaciones de IA basada en bots. Innova Schools ha desarrollado un sistema de reclutamiento de profesores para hacer más eficiente el proceso de selección, reducir costos y, al mismo tiempo,

lograr que los postulantes se acerquen lo más posible al perfil del docente establecido por la institución. A través del uso de IA, se genera una visión completa de la personalidad del postulante mediante un análisis psicolingüístico que permite determinar rasgos de personalidad.

Por otro lado, la escuela de negocios Centrum ha implementado un sistema de IA que permite definir los cinco rasgos primordiales de la personalidad de un alumno a partir del análisis avanzado de su Twitter, blog o cualquier texto escrito por el estudiante en internet. Con esa información, los coachs académicos contarán con insights adicionales para orientar al estudiante en sus decisiones académico/profesionales.

En el sector financiero, uno de los rubros que más ha desarrollado el uso de IA a nivel mundial, está Arturito, el chatbot del BCP, que absuelve una serie de interrogantes sobre las cuentas del usuario desde messenger de Face-

book. En suma, para bien o para mal, la IA ya es una realidad. Que se regule o no es un largo debate ético que, por supuesto, debe escuchar a todas las partes y tener presente que, como dice Zuckerberg, “la tecnología generalmente se puede usar para lo bueno y para lo malo, y tienes que ser cuidadoso sobre cómo construirla, con qué la vas a construir y cómo va a ser utilizada”.

La necesaria polémica tiene para largo.